lunes, 16 de febrero de 2015

ZAZEN. ALAN WATTS.

La visión del zazen de Alan Watts (1915-1973), uno de los más activos inspiradores del movimiento contracultural en Estados Unidos en los 60 (para mi también fue muy inspirador en mi juventud) y un pionero de la nueva conciencia, es muy diferente de la mayoría de la de los maestros zen de la actualidad. Por eso me ha parecido interesante traerla aquí, porque es bueno contrastar, porque, al fin y al cabo, ¿quién tiene la verdad?

“Cuando el zen llegó a ser menos un movimiento espiritual libre y más una institución establecida, su carácter sufrió un curioso cambio. Se hizo necesario “estandarizar” sus métodos y encontrar medios para que los maestros pudieran controlar a gran número de estudiantes, que tienden a cada más a ser meros niños sin vocación natural, a quien sus piadosas familias envían para que reciban instrucción. La comunidad zen dejó de ser preponderantemente una asociación de hombres maduros con intereses espirituales para convertirse más bien en una escuela eclesiástica con pensionado para adolescentes.
En estas circunstancias el problema de la disciplina se hizo vital. Los maestros zen se vieron obligados a preocuparse no sólo por la forma de liberarse de la convención, sino también de inculcar convenciones, modales corrientes y costumbres morales en los novatos. Es conveniente que el estudiante occidental maduro que encuentra interesante el zen como filosofía o como camino de liberación tenga presente este hecho, de lo contrario puede llevarse una desagradable sorpresa con el zen monástico tal como existe hoy día en Japón. Hallará que el zen es una disciplina que se enseña a palos. Encontrará que su mayor preocupación se cifra en un régimen disciplinario que “educa el carácter” del mismo modo que la anticuada public school inglesa o el noviciado jesuita.
En ninguna de las enseñanzas de los maestros T’ang, desde Hui-neng a Lin-chi, he podido encontrar ninguna instrucción o recomendación del tipo zazen que hoy consiste en la principal preocupación de los monjes zen. Por el contrario, esta práctica es discutida una y otra vez. Así en el T’an-ching Hui-neng (Enô en japonés, 6º patriarca del zen) dice:

Un hombre vivo que se sienta y no se acuesta;
Un hombre muerto que yace y no se sienta.
Después de todo ambos son sólo sucios esqueletos.

Acaso la exageración del zazen en tiempos más recientes forma parte de la conversión del zen monástico en una escuela de varones. Tener a los muchachos sentados durante horas seguidas bajo la mirada vigilante de monitores armados de estacas es sin duda un método seguro para evitar que hagan diabluras.
Con todo, por más que el zazen pueda haber sido exagerado en el Lejano Oriente, acaso una cierta dosis de “sentarse nada más que por sentarse” fuera lo mejor para las mentes nerviosas y los cuerpos agitados de los europeos y americanos. Siempre, claro está, que no se les ocurra utilizarlo como un método para convertirse en Budas.”
Alan Watts. El camino del zen. Edhasa. Páginas 131, 132, 138, 139 y 140.

ALAN WATTS. Conversaciones conmigo mismo (Subtítulos en castellano).

 Parte 1: https://www.youtube.com/watch?v=FledgXE36Ns                                                          

 Parte 2: https://www.youtube.com/watch?v=RMvm4PqNfio 

 Parte 3: https://www.youtube.com/watch?v=6h7gEC2VhaA

2 comentarios:

  1. Muy interesante. Me parece que es el camino "natural" que sufren todas las prácticas espirituales. Desde ese movimiento espiritual libre hasta la reglamentación monástico-escolar de los macro-complejos religiosos.
    Me recuerda a la evolución (casi calcada) del cristianismo. Desde los primeros padres del desierto, ascetas solitarios, a los cenobios de Egipto y Oriente Medio donde se reúnen estos "hombres maduros con intereses espirituales" y hasta desembocar en los monasterios villas-feudales, motores económicos en sí mismos, de la edad media.
    Curiosamente estos monasterios son ahora, al menos en Europa, de nuevo una comunidad más o menos reducida de hombres, y mujeres aunque en menor medida, maduros con inquietudes espirituales. Quizá la crisis de vocaciones no sea tal sino la vuelta natural, está sí natural de verdad, a los orígenes de lo que nunca debió dejar de haber sido.
    ¿Será ese también el futuro del zen? En Japón esa "crisis vocacional" también se nota. Y ya hay templos atendidos por monjes que cumplen funciones más de mero funcionariado que de cualquier tipo de inquietud espiritual.

    Un abrazo grande amigo

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  2. Y es que una reflexión lúcida sobre el pasado del zen, como la de Alan Watts, lleva a otra también muy lúcida sobre el zen actual, de Félix Arce. Gracias compañero. Un abrazo.

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