lunes, 23 de febrero de 2015

IMPERMANENCIA. ECKHART TOLLE.

Debes haber fracasado rotundamente a algún nivel, o haber experimentado una pérdida seria o un dolor, para sentirte atraído por la dimensión espiritual. En este mundo, es decir, en el nivel de las formas, todo el mundo “fracasa” antes o después, y todas las realizaciones acaban convirtiéndose en nada. Todas las formas son impermanentes.
En cuanto la mente juzga que un estado o situación es “bueno”, le toma apego y se identifica con él, tanto si se trata de una relación, como de una posesión, un papel social, un lugar, o tu cuerpo físico. La identificación te hace feliz, hace que te sientas bien contigo mismo, y ese estado o situación puede llegar a convertirse en parte de quien eres o de quien crees ser. Pero nada es duradero en esta dimensión donde la polilla y el orín consumen. La situación acaba, o cambia. La misma situación que antes te hacía feliz, ahora te hace desgraciado. La prosperidad de hoy se convierte en el consumismo vacío de mañana. La boda feliz y la luna de miel se convierten en un doloroso divorcio o en una convivencia infeliz.
Cuando el estado o situación con el que la mente se ha identificado cambia o desaparece, ésta no puede aceptarlo. Se apegará al estado que ha desaparecido y se resistirá al cambio.
Las cosas y los estados pueden darte placer, pero no te darán alegría. Nada puede darte alegría. La alegría no tiene causa, surge desde dentro como la alegría del Ser. Es parte esencial del estado de paz interior, del estado llamado la paz de Dios.
No ofrecer resistencia a la vida es estar en un estado de gracia, tranquilidad y ligereza. Este estado no depende de que las cosas sean de cierta manera, buenas o malas.


El sakura, la floración de los cerezos en Japón, marca el fin del invierno y el comienzo de la primavera. Su estallido blanco y rosa dura apenas dos semanas y, además de un espectáculo natural, para los japoneses es una metáfora de lo transitorio. Cerezos en flor, de la directora alemana Doris Dörrie (Hannover, 1955), recoge esta imagen para desarrollar un mensaje vitalista sobre la fugacidad de la vida. "Cuando te enfrentas con la muerte directamente disfrutas más de estar vivo". Después de tres películas filmadas parcialmente en Japón entiende el idioma y sobre todo la idiosincrasia japonesa, que le fascina desde hace 20 años.
Cerezos en flor, según su autora, es un "memento mori", un recordatorio de nuestra fragilidad. A pesar de que ella perdió a su marido hace unos años, Dörrie no considera que su filme sea más íntimo que los anteriores. "Todo mi cine es personal".

Cerezos en flor, una de mis películas preferidas:








3 comentarios:

  1. Rendirse a la vida con una sonrisa sin causa...a cada instante...
    Todo está bien...todo tiene su lugar...no hay nadie que pueda cambiar nada...no hay nadie.

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  2. JOSE LUIS: Como siempre lo tuyo es un sacudon para mi. Maravillosa "IMPERMANENCIA" a quien a cada instante olvido.

    Fuerte abrazooo !!!

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