lunes, 12 de enero de 2015

UN PÁJARO CANTANDO. JEFF FOSTER.

Estaría muy indicado leer esta entrada con el sonido de fondo de un pájaro cantando, en este caso un jilguero:

Me sucedió hace años en un sesshin (retiro intensivo de meditación zen) que hice en Bilbao con Ana María Schlüter. En una de las sentadas a media mañana, de repente, ¡soy un pájaro que canta! ¿Cuánto tiempo fui un pájaro cantando? No lo sé. El tiempo se había detenido, aunque el reloj seguía avanzando. Cuando regresó mi mente y recuperé mi yo, mi identidad habitual, con extrañeza me pregunté: ¿Pero qué hago aquí cantando, si yo no soy un pájaro? Esta fugaz vivencia me dejó una deliciosa sensación de luminosidad interior, que se mantuvo en las siguientes sentadas. Con esa sensación me fui del sesshin y volví a casa. Pero poco a poco, en unos días, se fue difuminando hasta desaparecer. Desde entonces soy más consciente de los pájaros; los veo, los escucho, los siento cercanos. Qué recuerdos me ha traído este escrito de Jeff Foster. 

El inefable sonido del pájaro cantando, pero ¿su canto está 'ahí fuera' o 'aquí dentro'?
En la presencia, en lo que soy, todas las fronteras ilusorias se funden; en verdad, jamás estuvieron allí.
Sólo hay esta innombrable canción, acogida en la presencia, recibida naturalmente en la presencia, nunca dividida de la presencia.
En la quietud pura, un pájaro canta, ningún 'conocedor' separado de lo 'conocido', ningún 'perceptor' dividido de la inmaculada percepción matutina, ningún 'yo' separado de ningún 'eso'.
El pájaro no está 'ahí fuera', amigo, ni tampoco está 'aquí dentro', porque su presencia es mi presencia, la presencia de la vida misma, y la pregunta en sí misma, cae en el silencio.
La presencia no puede estar a distancia de sí misma, ni cerca ni lejos.
No conozco otro ser, porque yo soy ese ser, conociéndose a sí mismo. Esto es amor.
En esta mañana de otoño, sólo hay amor puro y receptividad, un pájaro cantando para nadie, un pájaro cantando para que todo el mundo escuche, un pájaro cantando en mi corazón.
Yo soy el pájaro, su dulce canción, la brisa de otoño, el placer y el dolor de toda la humanidad, y siempre somos acogidos de esta manera, impregnados de amor incondicional, incluso dentro de nuestra ignorancia, incluso en nuestra tristeza.
Más allá de la dualidad y la no-dualidad, más allá de los estragos del tiempo, está este latido, este murmullo de la vida y todo es un portal, porque el destino está en todas partes.
Jeff Foster (traducido por Tarsila Murguía).

3 comentarios:

  1. Qué hermoso sí. Estupendo el texto de Foster y maravillosa tu experiencia en el sesshin. Aquella casa, la de Bilbao, tiene algo especial. No sé qué es, pero lo tiene...

    Un abrazo grande compañero

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  2. preciosa experiencia. gracias por compartir..

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