lunes, 26 de enero de 2015

HISTORIAS (II). GANGAJI.

¿Te cuentas historias? ¿Son historias sobre lo que tiene o no tienes, lo que necesitas o no necesitas? ¿Son historias sobre tu libertad, tu aprisionamiento, tus carencias, tu riqueza, tus penas, tus alegrías? ¿¿Son historias sobre quién eres, sobre quiénes son los demás? ¿Son historias sobre lo que tiene que cambiar, sobre lo que tiene que seguir igual, sobre lo que está bien y lo que está mal?
¿Estás dispuesto a dejar de contar tu historia personal? ¿Estás dispuesto a decir la verdad respecto a si estás dispuesto o no?
Cualquier cosa que te cuentes a ti mismo, por más terrible o grandiosa que sea, es una historia.
Normalmente, despiertas por la mañana y retomas la historia de quien eres. Puede que hagas alguna práctica de meditación, pero la verdadera práctica es la historia continuada de quien eres.
Contar su historia personal es la religión fundamental de la mayoría de la gente. Si puedes reconocer cuál es tu historia, entonces tu consciencia será mayor que tu inconsciencia. Puedes ver cuál es tu historia y dejarás de confundirla con la realidad.
Tu verdadera identidad no es una historia.
¿Cuál es mi historia? Cualquiera que sea tu respuesta, ¿puedes admitir la posibilidad de que todo ello no sea más que una historia? No es correcta ni equivocada; simplemente no es real. Experimenta la posibilidad de su irrealidad. Deja que tu conciencia vuelva a caer en el espacio donde no hay historias, donde no hay pensamiento.
Cualquiera que sea mi historia, siempre está compuesta únicamente de pensamiento.
Intentar librarse de la historia personal sólo es una nueva versión de la historia, otro ejemplo del poder que tiene la mente para controlar.
El diamante en tu bolsillo. Gangaji. Págs: 64, 65, 66, 67, 68.

Gangaji.  La Verdad de Quien Eres Ya es Tuya:

lunes, 19 de enero de 2015

APUNTALANDO AL EGO. ECKHART TOLLE.

El ego es una construcción poco consistente, inestable, hecha de pensamientos y emociones, que enseguida se agrieta y amenaza ruina, y que necesita mucha energía para mantenerse en pie, por eso es necesario apuntalarlo constantemente. Los puntales son variados (las frases en negrita son de Eckhart Tolle):

Contar mi historia personal.
La mayoría de la gente está enamorada de su drama personal. Su historia personal es su identidad.

El ego consiste en pensamientos y emociones, en un puñado de recuerdos con los que te identificas como “yo y mi historia”.


Eckhart Tolle. ¿Son los pensamientos el origen del Ego?:

Basar mi vida en el tener.
El ego tiende a equiparar tener con Ser. Tengo, luego soy. Y cuanto más tengo, más soy.

El ego nunca está satisfecho, ni por mucho tiempo.

Vi un vídeo de Eckhart Tolle en el que afirmaba que la canción Satisfaction, de los Rolling Stones, era la canción por excelencia del ego: 

Resistirse a lo que es.
La resistencia interna te escinde de los demás, de ti mismo y del mundo que te rodea. Fortalece el sentimiento de separación del que el ego depende para sobrevivir.

Quejarse.
Quejarse es una de las estrategias favoritas del ego para reforzarse. Algunos egos que tal vez no tengan mucho más con lo que identificarse sobreviven fácilmente sólo a base de quejas.

Quejarse siempre es no aceptar lo que es, y conlleva invariablemente una carga de inconsciencia y negatividad.

Eckhart Tolle con Oprah. Clase 3.2. "Una nueva tierra":
Poner distancia. Por ejemplo, defendiendo y confrontando mis opiniones y creencias con las de los demás.
El ego necesita problemas, conflicto y “enemigos” que fortalezcan su sensación de separación, de la que depende su identidad.

Tener razón.
No hay nada que refuerce más el ego que tener razón. Necesitas negarles la razón a otros para adquirir una sensación más fuerte de quién eres.

Compararse con los demás.
Al ego le gusta compararse con los demás. Siempre que te sientas superior o inferior a alguien, es el ego que llevas.



lunes, 12 de enero de 2015

UN PÁJARO CANTANDO. JEFF FOSTER.

Estaría muy indicado leer esta entrada con el sonido de fondo de un pájaro cantando, en este caso un jilguero:

Me sucedió hace años en un sesshin (retiro intensivo de meditación zen) que hice en Bilbao con Ana María Schlüter. En una de las sentadas a media mañana, de repente, ¡soy un pájaro que canta! ¿Cuánto tiempo fui un pájaro cantando? No lo sé. El tiempo se había detenido, aunque el reloj seguía avanzando. Cuando regresó mi mente y recuperé mi yo, mi identidad habitual, con extrañeza me pregunté: ¿Pero qué hago aquí cantando, si yo no soy un pájaro? Esta fugaz vivencia me dejó una deliciosa sensación de luminosidad interior, que se mantuvo en las siguientes sentadas. Con esa sensación me fui del sesshin y volví a casa. Pero poco a poco, en unos días, se fue difuminando hasta desaparecer. Desde entonces soy más consciente de los pájaros; los veo, los escucho, los siento cercanos. Qué recuerdos me ha traído este escrito de Jeff Foster. 

El inefable sonido del pájaro cantando, pero ¿su canto está 'ahí fuera' o 'aquí dentro'?
En la presencia, en lo que soy, todas las fronteras ilusorias se funden; en verdad, jamás estuvieron allí.
Sólo hay esta innombrable canción, acogida en la presencia, recibida naturalmente en la presencia, nunca dividida de la presencia.
En la quietud pura, un pájaro canta, ningún 'conocedor' separado de lo 'conocido', ningún 'perceptor' dividido de la inmaculada percepción matutina, ningún 'yo' separado de ningún 'eso'.
El pájaro no está 'ahí fuera', amigo, ni tampoco está 'aquí dentro', porque su presencia es mi presencia, la presencia de la vida misma, y la pregunta en sí misma, cae en el silencio.
La presencia no puede estar a distancia de sí misma, ni cerca ni lejos.
No conozco otro ser, porque yo soy ese ser, conociéndose a sí mismo. Esto es amor.
En esta mañana de otoño, sólo hay amor puro y receptividad, un pájaro cantando para nadie, un pájaro cantando para que todo el mundo escuche, un pájaro cantando en mi corazón.
Yo soy el pájaro, su dulce canción, la brisa de otoño, el placer y el dolor de toda la humanidad, y siempre somos acogidos de esta manera, impregnados de amor incondicional, incluso dentro de nuestra ignorancia, incluso en nuestra tristeza.
Más allá de la dualidad y la no-dualidad, más allá de los estragos del tiempo, está este latido, este murmullo de la vida y todo es un portal, porque el destino está en todas partes.
Jeff Foster (traducido por Tarsila Murguía).