lunes, 10 de noviembre de 2014

"LA CASTA" DE LA ESPIRITUALIDAD. DAVID CARSE.

Acabo de terminar de leer el libro PERFECTA. BRILLANTE QUIETUD, de DAVID CARSE. La enseñanza que transmite es directa, radical, sin concesiones. Con todo mi respeto por su enseñanza, y salvando las distancias, a mi David Carse me recuerda en ciertas cosas a Pablo Iglesias, el líder del partido Podemos; me parece el “Pablo Iglesias” del advaita. Es muy crítico en algunas páginas de su libro con “la casta” (esta expresión no la emplea él) de los maestros y gurús: con los charlatanes que hablan del “grado” de despertar que han “logrado” (Pág. 138); con los que denomina tele predicadores advaita; incluso con Ken Wilber y otros, a los que llama instructores bienintencionados, que comienzan con un mensaje radical pero que, tras algún tiempo, comienzan a diluirlo hablando de “principios” y “etapas” y “prácticas” (Pág. 357).
También habla del dinero:

Este juego de obtener dinero a cambio de dar espiritualidad es, en realidad, un blanqueo de dinero. Es un trabajo extensamente practicado y ampliamente aceptado que, sin embargo, constituye el secreto trapillo sucio de la comunidad espiritual; nadie se siente realmente a gusto con él, porque todo el mundo sabe en lo profundo de su corazón que cobrar un precio por dar acceso a la enseñanza espiritual, incluso de manera indirecta, es falaz y es básicamente inconsistente con la Enseñanza misma.
Llamarlo eufemísticamente “donación”, cuando está planteado de tal modo que la culpa y la presión social hacen que sea difícil negarse a contribuir, es deshonesto. Cuando tienes un ashram o una iglesia, has de pasar el cesto e impartir sermones solicitando aportaciones. Pero cada vez que llevas dinero al templo, corres el riesgo de que llegue algún revolucionario carpintero rural y ponga las mesas patas arriba.


El día en que los antiguos maestros zen o advaitas realizaron el Sí Mismo, siguieron cortando leña, acarreando agua. Si alguien quería charlar con ellos, lo hacían y luego regresaban a su tarea. ¿Dónde está escrito que los maestros no pueden trabajar para subsistir por sí mismos y que necesitan vivir de sus seguidores? ¿Quién dice que es necesario tener una organización? ¿Quién dice que los maestros tienen que acumular grandes sumas a base de viajar por todo el mundo impartiendo conferencias, seminarios y satsang? ¿Qué ego, qué sentido de yo individual subyace tras la idea de que el mensaje de un cierto maestro es tan vital, tan precioso que necesita ser oído sin cesar por todo el mundo?
Páginas: 138, 139, 140, 141.

6 comentarios:

  1. Se agradece que introduzcas esta crítica a la cara B de la espiritualidad, más valiosa para nosotros porque surge del ser, de la quietud a la que señala el dedo de David Carse desde su irrepetible obra. Es necesario hablar abiertamente desde esta perspectiva ; en lugar de quedar en reducidos círculos de buscadores desencantados.

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  2. El que comercia con la Espiritualidad no es solo el supuesto Maestro, ni el bloguero que mendiga una donación por hacer un trabajo que nadie le ha obligado a realizar. Es el buscador espiritual que compra, por que cree que la información iluminada o el consejo espiritual se vende.

    Recuerdan aquello tan simbólico de "La Marca de la Bestia.......".Siempre esta en la mano derecha, y dicha mano simboliza la vía a través de la cual el sacerdote o maestro espiritual bendice,

    La marca bien podría ser la suma de todos los números de la ruleta, en este caso espiritual. Eso si para ganar tienes que apostar en el casino. Pagas por una oportunidad de ser bendecido con la transmisión de la verdad, y ellos cobran por ofrecértela.

    Es el negocio sagrado.

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  3. Plantearse por que la vida es como es no debe derivar a una crítica. Toda crítica que se haga es falsa. David Carse también es producto del mercandaching que critica, aunque no sea deliberado sino como consecuencia de los condicionamientos.

    Un tipo con una espectacular experiencia de despertar vivida en la selva que la cuenta a pesar de que sabe que esas luces brillantes despistaran a muchos es otra crítica con el mismo fundamento de cualquier otra crítica.

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  4. Sin embargo el libro de Carse no se lo consigue gratis en la red sino que cuesta 30 u$s

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  5. Cristo es la Consciencia Pura (Yo soy la luz del Mundo) y una vez que llegua, es decir, una vez que te haces consciente de tu consciencia, de que eres, de Yo Soy, entonces es cuando Cristo (el Yo Soy) entra en tu vida y desaloja a los mercaderes del templo.

    Los mercaderes son aquellos que compran conceptos a precio bajo, para luego venderlos a sus seguidores y quedarse los beneficios. El templo es el cuerpo-mente que acepta o no a los mercaderes.

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  6. David Carse también vende su libro cobrando. Considero que todo el mundo tiene derecho a cobrar por haber desarrollado un talento y dedicar un tiempo a invertirlo en ayudar a los demás. Es el equilibrio cósmico: dar y recibir (siempre y cuando no se engañe ni abuse por tener una situación de carisma o superioridad).

    Por otro lado, David Carse no es santo de mi devoción. Pero, llamarlo "Pablo Iglesias" (te referirás a Pablo Manuel, supongo) me parece excesivo. Nadie es tan malo como para merecer este calificativo. A este paso, le acabarás llamando Maduro, y ya sí que la habremos fastidiado del todo.

    Gracias y un abrazo.

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