domingo, 23 de febrero de 2014

UNA NUEVA RELIGIÓN. JEFF FOSTER. PRIMER ANIVERSARIO BLOG.



Cómo pasa el tiempo, o mejor dicho, cómo parece pasar el tiempo. Parece que ha pasado un año desde que comencé con este blog y sin embargo sigue siendo ahora.

No hay ninguna deidad externa o interna, sólo la Presencia misma, previa al tiempo y a la distancia. 
No hay ningún pecado, sólo una imaginaria desconexión de la Presencia. 

No hay ningún infierno, sólo el sufrimiento de hoy y el anhelo de volver a Casa. 

No hay ningún cielo, sólo el hecho de recordar hoy nuestro Hogar. 
No hay ninguna autoridad en esta vida, sólo Vida, estallando como todo lo que es y lo que no es. 
No hay cristianos, judíos, budistas, ateos o agnósticos, creyentes o no creyentes, sólo seres humanos perfectamente rotos, luchando por encontrar la luz en la oscuridad de ellos mismos. Pero, no hay tal cosa como alcanzar la luz cuando tú eres la luz, ni tampoco el amor cuando tú eres el amor; y la división entre el espíritu y la carne, la luz y la oscuridad, Dios y el diablo, lo sagrado y lo profano, lo santo y lo no santo, lo inmortal y lo mortal, el ser y el mundo, nunca sucedió, para nada. Y entonces, la nueva religión (del latín, religare, 'unir') es el descubrimiento de nuestra intimidad con la vida, una no-separación de aquello que buscamos, nuestro Hogar, más allá de todos los hogares mundanos. 
Jeff Foster

No tienes que cambiar tu religión para encontrar la Verdad. Pero debes estar abierto. Mooji:

domingo, 16 de febrero de 2014

SUBIDÓN ESPIRITUAL (I). ADYASHANTI.

Que bien lo describe Lawrence Shainberg, en la pág. 279 de su libro “Zen Ambivalente”:

Cuando seis días más tarde finaliza el sesshin, me siento tan exultante que, durante las dos primeras noches no puedo dormir. Tengo un acceso limitado de mi experiencia de no escape, pero no dudo de que me ha transformado. Como de costumbre, mi júbilo dura dos o tres días antes de estrellarme. En esta ocasión, el retroceso parece peor que en cualquier otra, como una bajada de drogas. No puedo ni pensar en ponerme a trabajar. Las comprensiones que he obtenido en el sesshin son vagas e intelectuales. Una vez más, vuelvo a sentirme mal respecto a la práctica, con el Roshi, pero sobre todo conmigo mismo, por haberme dejado volver a seducir por el zen y sus vaporosos sueños de ecuanimidad.

 Dice ADYASHANTI al respecto en su libro “La danza del vacío”:

Una persona espiritual se puede volver adicta a subidones espirituales, y de esta forma se pierde la experiencia de la Verdad. No hay droga más potente que la experiencia espiritual.

Este problema perdurará mientras una parte de ti siga esperando el subidón de la experiencia.

El subidón de la experiencia espiritual va seguido del bajón espiritual.

Eso es lo que hace el yo. Persigue lo bueno y evita lo malo. Mientras la identidad siga ligada a este movimiento, aunque estés en un subidón espiritual que te parezca muy noble, nunca llegarás a ser libre.


El despertar espiritual no tiene nada que ver con ninguna experiencia de subidón. Si todo es Uno, cuando el péndulo está arriba el Uno es el mismo que cuando está en cualquier otro lugar.

El yo personal cree que cuando se siente mejor está más cerca de su verdadera naturaleza y que cuando se siente mal está más lejos. Pero después de vivir en este movimiento de “lo tuve pero lo perdí”, al cabo del tiempo ese yo deja de creerse su engaño. Comienza a entrever algo, a reconocer que la libertad no consiste en eso.

El buscador espiritual puede invertir toda su existencia y su identidad en esta experiencia pendular.

La iluminación en sí no es una experiencia. Y no es el subidón de ningún estado espiritual.

Los estados espirituales cumbre son de los escondites más efectivos, pues parecen muy dichosos y plenos. A pesar de tener esas experiencias asombrosas en ellos, cuando llegas a casa, después del trabajo, sigues dándole patadas al perro.

Las experiencias místicas son preciosas. En muchos sentidos son las experiencias más elevadas y placenteras que un “yo” puede tener.

Etapas del despertar. Adyashanti:

lunes, 10 de febrero de 2014

JARDINES ZEN (III)


TOFUKUJI. Es uno de los templos principales de la secta Rinzai del budismo zen .Hay varios jardines en los distintos recintos del Tofuku-ji. El jardín actual fue diseñado por el arquitecto paisajista Mirei Shigemori en la década de 1930. El templo cuenta con un gran número de arces japoneses. En otoño, la gente viene de todas partes de Japón para contemplar sus bellos colores.


SANZEN-IN. Desde Kyoto una sola carretera serpentea hacia el norte, por entre colinas, hasta el diminuto pueblo de Ohara, dónde se encuentra este templo. Construido por Shiba Hossi en el año 788 y pertenece a la escuela Tendai. Se llamó Ukiyi-en, Jardín de la Presencia Pura.


CHISHAKU-IN. Es el templo principal de la Escuela del budismo Shingon Chizan. Tiene un jardín para contemplar desde el interior del edificio, diseñado por Sen-no Rikyu, el gran maestro del té.


VILLA IMPERIAL KATSURA. Su exquisita perfección, con sus elegantes parques ajardinados, nos da una idea de la vida de la aristocracia en los tiempos del shogunato. Terminada en cincuenta años, a partir de 1590, está considerada como uno de los pináculos de la arquitectura japonesa. Hay casas de té, pabellones para contemplar la luna, un salón de música. Los extraordinarios jardines fueron diseñados por el gran arquitecto paisajístico japonés Kobori Enshu, de quien se dice que aceptó el trabajo con dos condiciones: tiempo y fondos ilimitados.


MYOSHINJI. El tamaño de este templo zen es de una ciudad, una ciudad de templos en el interior de la ciudad de Kyoto. Destaca el jardín de Taizo-in.


domingo, 2 de febrero de 2014

ZEN AMBIVALENTE. LAWRENCE SHAINBERG.

En ocasiones cómico, a veces irreverente, en otras devocional, pero siempre franco y honesto, ZEN AMBIVALENTE es el testimonio lúcido de un occidental embarcado en una aventura espiritual.
En este libro Lawrence Shainberg escribe de sus vivencias con reconocidos maestros zen a los que conoció personalmente y con los que practicó, y lo hace con total sinceridad, sin oculta nada, ni siquiera la cara “b” de esos maestros. Aparecen en sus páginas Alan Watts, maestros zen japoneses afincados en EEUU, como Kyudo Nakagawa Roshi, Eido Roshi, Maezumi Roshi, y americanos, como Bernard Glassman. El libro es también una lúcida crónica de la transmisión del zen a EEUU.

“Una de las restricciones del zen y de otras prácticas espirituales es que hay pocas personas que se puedan tomar siete días libres sin tener que renunciar a tiempo de vacaciones, y todavía menos que pudieran escoger pasar sus vacaciones de cara a la pared. Como la vida familiar es otro de los constreñimientos, la mayoría de los estudiantes son solteros, viudos o divorciados, y la mayoría de las parejas no tienen hijos o son lo suficiente mayores como para dejarlos en casa. Dado que la soledad y la desesperación psicológica son dos de los mejores catalizadores de la práctica, la mayor parte de la gente que circula por el zen y otros centros espirituales está formada por personas divorciadas recientemente” (pag. 250).


FUNCIONARIOS Y SOLTEROS

Al hilo de lo que cuenta Lawrence Shainberg en su libro, me viene a la memoria una anécdota. Ya no recuerdo si fue en mi primer sesshin o en el segundo. Sí recuerdo que era en Las Arenas, Bilbao, y que lo impartía Ana María Schlüter. Al final del sesshin, en la comida de despedida, ya se podía hablar y era una tradición establecida que los que hacían su primer sesshin se presentaran. Había una pareja joven, ella con rastas, de aspecto alternativo, que se presentaron. Dijeron sus nombres y de dónde venían. La chica dijo que trabajaba de administrativa. Había un vasco muy gracioso, entrado en edad y con bastantes años de práctica, que empezó a decir que esto del zen era para funcionarios y solteros, y para demostrar que esto era así, le preguntó a la chica de las rastas que dónde trabajaba de administrativa, y ella, un poco avergonzada, confesó que era funcionaria. Animado con la respuesta, propuso el vasco que todo el mundo se presentara y dijera en qué trabajaba, y resultó que de unas 45 personas que estábamos, sólo dos no éramos funcionarios: un mozo que trabajaba los veranos en una torre de vigilancia contra incendios y yo, que entonces estaba parado. Pues sí, aquel vasco tan gracioso tenía razón. Aunque yo también habría añadido a lo de “funcionarios y solteros”, algún parado cobrando la prestación de desempleo, como era mi caso.