lunes, 27 de mayo de 2013

EL ZEN DE LA MÚSICA

Los sonidos de  la viola de gamba de la película TODAS LAS MAÑANAS DEL MUNDO me recuerdan mucho al shakuhachi, la flauta tradicional japonesa que tocaban los monjes zen peregrinos. Y los diálogos de Saint Colombe, el maestro de viola de gamba, con Marin Marais, su aprendiz, también me recuerdan mucho los “mondo” o diálogos entre un maestro zen y su discípulo.
 
Todo el film es un extenso flasback: ya mayor, y saciado de triunfos cortesanos, el violagambista de la corte de Luis XIV, Marin Marais, evoca intensamente conmovido los años de complicado aprendizaje junto a la familia del señor de Saint Colombe, enigmático maestro de la viola. Enigmático porque estaba tan entregado a crear música que no se molestaba en anotarla. Crear música la mayor parte del día era su forma de vivir; y apasionadamente, además. Inventó la sujeción de la viola entre las piernas, añadió la 7ª cuerda y depuró la técnica del manejo del arco. Quería conseguir que el instrumento abarcase todas las inflexiones de la voz humana.
La muerte prematura de su esposa le había hundido el ánimo. En un rincón del jardín construye una cabaña de madera y allí pasa los días, tocando sus violas para moverse entre los mundos e invocar al espíritu de la amada. Jansenista vinculado a Port Royal, rechaza con inmenso desprecio la llamada del rey para que toque en su presencia. Como a mercachifles, expulsa desafiante a los mensajeros. “¡¡Díganle que su palacio cabe en mi cabaña!!”, les ruge.
Cuando el joven Marais se presenta con voluntad de aprender, el señor de Sainte Colombe recela: lo encuentra habilidoso, con ambición social, y le pronostica lucrativo éxito mundano. “Estás envuelto en música, pero no eres músico”. Intenta enseñarle a captar la música en los sonidos del agua, del viento (durante un paseo en que sopla, le señala el aria por encima del bajo), de los pasos, del pincel en el lienzo…
Jordi Savall se encarga de ejecutar magistralmente la selección musical, piezas del señor de Sainte Colombe, Marais, Lully y Couperin. Entre los actores sobresale un impresionante Jean-Pierre Marielle; también la clara fisonomía de Anne Brochett.




No hay comentarios:

Publicar un comentario