miércoles, 1 de mayo de 2013

ANARQUISMO BUDISTA. GARY SNYDER.


Gary Snyder es uno de los autores más destacados del movimiento beat. Tuvo una afición casi innata a la naturaleza y el montañismo, y las simpatías familiares hacia movimientos de reivindicación social. Estudió antropología y literatura en la Universidad de Oregón, interesándose por la cultura de los indígenas norteamericanos, la literatura oriental y el budismo. Más adelante comienza a simultanear estudios con empleos temporales en zonas de montaña. Trabaja en explotaciones madereras o para la administración norteamericana de parques nacionales, en garitas de vigilancia de incendios.
El profundo interés de Snyder por el budismo –y en particular el zen- le conduce a una estancia de más de nueve años en Japón, donde pasa largos periodos de aprendizaje vinculado a dos monasterios.
Uno de los grandes logros de la obra de Snyder es la elegante transfusión de esta filosofía religiosa a una iconografía consonante con la moderna cultura occidental.
Su libro “La isla de la tortuga” gana el premio Pulitzer de poesía en 1974. El libro está sin duda influido por la decisión de Snyder de establecerse con su familia, cuatro antes de su publicación, en la colinas de la Sierra Nevada californiana, entre bosques de robles y enormes pinos ponderosa, donde sigue viviendo hoy en día.
En el año 2011 Gary Snyder estuvo en España presentando un documental basado en su vida en el que participa, titulado LA PRÁCTICA DE LO SALVAJE, dirigido por John Heale y basado en un libro suyo con el mismo título. Por desgracia no llegó a los cines y tampoco lo he encontrado subtitulado en español. Este es el trailer en inglés:



 Y aquí van tres de sus poemas, seguramente inspirados en su admirado Han Shan:

No recuerdo cosas que una vez leí
Algunos amigos, pero están en las ciudades.
Beber aguanieve helada en un pocillo de lata
Contemplar una distancia de kilómetros
Desde el aire quieto de las alturas.
(Mediados de agosto en el mirador del monte Sourdough. Fragmento.)

Cielo sobre interminables montañas.
Toda la basura que conlleva ser persona
Se desprende, la dura roca tiembla
Hasta el sólido presente parece no alcanzar esta burbuja del corazón
Palabras y libros
Como un pequeño arroyo cayendo desde un risco
Desaparecen en el aire seco.
Una mente clara y atenta
No tiene opinión, pero aquello
Que ve es de verdad visto.
(El arroyo Piute. Fragmento).

 Nunca dieron a montañas y ríos,
árboles y animales,
el voto. (Canción del mañana).

El texto que viene a continuación fue publicado en 1961 bajo el título “Buddhist Anarchism” (“Anarquismo budista”). Una versión revisada apareció en 1969 bajo el nuevo título “Buddhism and the Coming revolution” (“El budismo y la revolución venidera”). Esta es la segunda versión del artículo de 1969:
Desde un punto de vista budista, la ignorancia que se proyecta en el miedo y el vano apetito impide toda manifestación natural. Históricamente, los filósofos budistas no han sabido analizar hasta qué punto la ignorancia y el sufrimiento eran debidos o favorecidos por factores sociales, considerando el temor y el deseo como hechos intrínsecos a la condición humana. Así, la filosofía budista se interesó principalmente por la teoría del conocimiento y por la psicología en detrimento del estudio de los problemas históricos o sociológicos. Aunque el budismo Mahayana posee una amplia visión de la salvación universal, su realización efectiva se ha concretizado en el desarrollo de sistemas prácticos de meditación para liberar a una minoría de individuos de cuelgues psicológicos y condicionamientos culturales. El budismo institucional ha estado claramente dispuesto a aceptar o a ignorar las desigualdades y las tiranías bajo el sistema político que fuera. Es tal vez la muerte del budismo, puesto que es la muerte de toda forma significativa de compasión. La sabiduría sin compasión no siente dolor.

Hoy en día, ya nadie puede ser inocente o permanecer en la ignorancia de la naturaleza de los gobiernos actuales, de la política y de los órdenes sociales. Los regimenes del mundo moderno mantienen su existencia mediante una avidez y un miedo deliberadamente conservados: extorsiones monstruosas de protección. “El mundo libre” se ha vuelto económicamente dependiente de un sistema increíble de incitación a una avidez que no puede ser colmada, a una sexualidad que no puede ser satisfecha y a un odio que no puede ser expresado salvo contra uno mismo, las personas que se supone que amamos o las aspiraciones revolucionarias de las lamentables sociedades marginales, afectadas por la pobreza, como Cuba o Vietnam. Las condiciones de la guerra fría han transformado todas las sociedades modernas – incluidas las comunistas – en viciosos distorsionadores del verdadero potencial humano. Engendran poblaciones de “preta” – esos fantasmas hambrientos con un apetito de gigante y una garganta no más amplia que una aguja. La tierra, los bosques y toda la vida animal son utilizadas por esos colectivos cancerosos que deshonran el aire y el agua del planeta.

No hay nada en la naturaleza humana o en las condiciones necesarias de las organizaciones sociales humanas que exija en su fondo que una cultura sea contradictoria, represiva y productora de una humanidad violenta y frustrada. Recientes descubrimientos antropológicos y psicológicos lo demuestran de manera cada vez más evidente. Podemos verlo nosotros mismos mediante una correcta percepción de la naturaleza propia o a través de la meditación. Una vez que una persona ha desarrollado esta confianza y esta intuición, esto debe llevarla a un interés real por la necesidad de un cambio social radical mediante una serie de medios que esperamos no sean violentos.

La pobreza gozosa y voluntaria del budismo se convierte en una fuerza positiva. Su tradicional no-violencia y su rechazo a quitar la vida, sea cual sea su forma, tiene implicaciones estremecedoras para las naciones. La práctica de la meditación, que sólo necesita “la tierra bajo los pies”, limpia esos montones de inmundicia que nos han sido vertidos en la mente por los medios de comunicación y las universidades de pacotilla. Creer que la realización tranquila y generosa del deseo natural de amar es posible destroza las ideologías que ciegan, mutilan y reprimen. Esta realización abre la vía a un tipo de comunidad que asombraría a los “moralistas” y que transformaría armadas de hombres que son guerreros feroces por no haber podido ser personas afectuosas.

La filosofía budista del Avatamsaka (Kegon) ve el mundo como una amplia red interconectada en la cual todos los objetos y los seres son necesarios e iluminados. Desde cierto punto de vista, los gobiernos, las guerras y todo lo que consideramos “malo” está, sin duda, dentro de esta globalidad. El halcón, el vuelo en picado y la liebre son uno. Desde el punto de vista “humano”, no podemos vivir en estas condiciones a menos que todos los seres vean con los mismos ojos despiertos. El bodisatva vive según la vida del que sufre, y debe ser útil ayudando a los que sufren.

La revolución social ha sido la misericordia de Occidente; el despertar personal al yo fundamental/vacuidad, la misericordia de Oriente. Necesitamos ambos. Ambos están contenidos en los tres puntos tradicionales de la vía búdica: la sabiduría (prajña), la meditación (dhyâna), y la moralidad (sîla). La sabiduría es el conocimiento intuitivo del espíritu de benevolencia y de claridad que mora bajo las ansiedades y las agresiones que opera el ego. La meditación es ir al fondo del espíritu para ver todo eso por uno mismo – una y otra vez, hasta que se convierte en el lugar en el que uno mora. La moralidad es llevar todo eso a la forma de vivir, mediante la ejemplaridad personal y la acción responsable, en última instancia hacia la verdadera comunidad (la sangha) de “todos los seres”.

Este último aspecto tiene un sentido, para mí, que sustenta toda revolución cultural o económica que se dirige claramente hacia un mundo libre, internacionalizado y sin clases. Significa utilizar medios como la desobediencia civil, la crítica franca, la protesta, el pacifismo, la pobreza voluntara e incluso la violencia suave si se trata de contener a algún reaccionario impetuoso. Significa mantener el espectro de todos los comportamientos individuales no-violentos lo más amplio posible – defendiendo el derecho de los individuos de fumar cannabis, de consumir peyote, de ser polígamo, poliandra o de ser homosexual. Comportamientos y prácticas prohibidas durante largo tiempo por un Occidente judeo-capitalista-cristiano-marxista. Significa respetar la inteligencia y el estudio, pero no bajo su aspecto ávido o como medio para conseguir poder personal. Trabajar bajo la propia responsabilidad, pero querer trabajar en grupo. “Formar la nueva sociedad en la cáscara de la antigua”, fue el eslógan del sindicato Industrial Workers of the World hace cincuenta años.

De todas maneras, las culturas tradicionales están condenadas a desaparecer, y más que acercarse desesperadamente a sus buenos aspectos, deberíamos acordarnos de que cualquier cosa que perteneció o que pertenece a otra cultura puede ser reconstruida por el inconsciente a través de la meditación. De hecho, creo que la revolución venidera volverá a cerrar el círculo y nos volverá a unir de diferentes maneras con los aspectos más creativos de nuestro pasado ancestral. Con un poco de suerte, finalmente podremos llegar a una cultura mundial totalmente integrada que comprenderá una transmisión matrilineal, un casamiento bajo todas sus posibilidades, economía comunista de crédito natural, menos industrias, mucha menos gente y más parques nacionales.


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