lunes, 15 de abril de 2013

MAESTROS ZEN: MITOS Y REALIDAD (II). ADYASHANTI.

¿De quién diríamos que es un buen maestro? ¿Diríamos de alguien que es un buen maestro de inglés si de sus, pongamos, cincuenta alumnos apenas unos pocos aprenden, más o menos correctamente, a hablar inglés? ¿Diríamos de un maestro zen que es un buen maestro si sólo unos pocos de sus numerosos discípulos, después de muchos años de práctica, han tenido una experiencia de despertar verdaderamente transformadora y duradera? Y cuando esto pasa, yo me pregunto, ¿por qué no lo reconocen, por qué ninguno lo deja?
Se dice que el zen pertenece a la corriente del Mahayana, el gran vehículo, pero en la realidad, a mi me parece que pertenece más bien al pequeño vehículo. Una enseñanza o una práctica espiritual, como el zen, que no es para todas las personas con inquietudes espirituales que se acercan a ella, no es que sea una mala enseñanza o un mala práctica, pero todavía no es del todo una buena enseñanza o una buena práctica. Le falta algo para serlo. Le falta que ayude a casi todas esas personas. Digo esto por la cantidad de gente que he visto pasar al cabo de los años por el zendo al que yo voy, que acude a una introducción al zen, y los pocos que continúan. Los maestros siempre lo justifican diciendo que el zen es muy exigente, para muy pocas personas. Siempre lo achacan a la falta de determinación del personal, pero nunca se plantean que algo le falte a la enseñanza o a que a ellos les falten recursos o madurez espiritual. Siempre son los demás. Parece que su único recurso sea el zazen y más zazen. Así que ¿dónde está pues el gran vehículo? “Gran fe, gran duda, gran determinación”, esta es la tradicional recomendación de los maestros zen para alcanzar el despertar. No sé, a mi me suena esto muy marcial, muy tremendista, muy voluntarioso. Yo, en sintonía con Adyashanti, me quedo con la sinceridad, porque como él dice: “Si eres sincero, tu sinceridad se convertirá en una fuerza realmente poderosa en tu vida. Y si no lo eres, la postura y todo lo demás realmente no tendrán mucho efecto.”
Lo que sucede en muchas shangas, o grupos de practicantes zen, es como un edificio que siempre se está construyendo y destruyendo a la vez. Cuando se ha conseguido levantar una pared, cuando parece haber un grupo más o menos estable de practicantes, y se empieza con la de enfrente, y aparecen practicantes nuevos, la anterior comienza a derrumbarse, los antiguos practicantes empiezan a desaparecer, y así sucesivamente.


Dice Adyashanti: “No podemos llegar a la iluminación arropados en los faldones de un maestro iluminado; no funciona así. Intentar hacer eso nos ciega; significa que no queremos pensar por nosotros mismos, que no queremos examinar las cosas por nosotros mismos. Cuando hacemos ciegamente lo que se nos dice -seguimos ciegamente una enseñanza sólo porque es antigua o reverenciada- acabamos justamente con lo que estábamos pidiendo: ceguera.”

2 comentarios:

  1. Tenemos que tener confianza en nosotros mismos pero también necesitamos de alguien para que nos de un mínimo de indicaciones y hacer consciente lo que permanecía inconsciente. Una vez hecho ese trabajo no tiene sentido como dice Adyashanti vivir bajo las faldas del maestro, ¿por qué? porque el maestro será entonces este momento. Cuando estemos en la cola del supermercado y se nos cuele alguien, cuando vayamos en el coche y nos pillemos un cabreo con otro conductor, cuando en cada situación de la vida nos tomemos las situaciones como algo personal y nuestro ego se dispare, no tendremos al maestro pepito perez para decirnos "¡atención!".
    Cada cual tiene que andar sus pasos con toda la sinceridad que se pueda, y una vez entendidas las indicaciones básicas, vivir bajo las faldas de un maestro no tiene mucho sentido.
    El problema quizás venga, en el caso del zen, en que esas indicaciones en muchos casos son inexistentes. No basta con decir sientate y punto.

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    1. Pues sí, es así como dices. El problema está en que bastantes maestros zen lo que en realidad son es maestros de meditación zen y toda su enseñanza la basan en eso. Y no dan más de sí.

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