jueves, 25 de abril de 2013

LOS OTROS MAESTROS. KOLDO ALDAI.

El Cielo juega con nuestras falsas creencias y dogmas adquiridos por el tiempo y su inercia. Seguramente se divierte desmitificando lo que hemos ido endiosando a lo largo de los años. A veces el Maestro no luce ninguna barba blanca, ni habla con solemnidad, ni viste con majestuosidad… A veces los Iniciados no moran en las faldas de ningún Himalaya, sino más cerca de lo que nunca llegáramos a pensar. El Instructor, el Guía se manifiesta a menudo tras la faz más insospechada, más cotidiana… Ahora sé que no hay necesidad de seguir esos pasos santos en el otro extremo del mundo.
Apenas lo he visto en faena, pero no necesito hacer ningún esfuerzo para imaginarlo. La maestría no se manifiesta necesariamente sobre la moqueta acolchonada, entre atmósferas inciensadas, arropada entre músicas de otras esferas. En esferas más cercanas se esconden a menudo ejemplos que desconciertan. Hay infinitas formas de lavar, peinar, afeitar a una persona impedida. Imaginaros aquella que se derrocha en ternura, en cordialidad, en perenne sonrisa, en silente amor… Sólo hay un camino hasta el mar, hasta esas olas y su obligada barandilla, sin embargo hay innumerables formas de empujar un carrito, de acompañar con palabra amena a un anciano ya desmemoriado… Unos cumplimos expedientes, rozamos el aprobado, otros bordan túnica de verdadera gloria.

Yo compartía las enseñanzas arcanas estos días de Semana Santa y sin embargo sobradamente sabía que la verdadera enseñanza estaba en esa esponja deslizándose con tanto cariño a lo largo de un cuerpo rebelde, en esa comida administrada con tanta paciencia, en ese carrito avanzando despacio a la conquista de vastos mares… Unos  cometemos la osadía de hablar del amor ante la gente, otros simplemente lo aplican en el silencio más absoluto. Unos nos llenamos impúdicamente la boca con su nombre. Otros hacen el amor, el de verdad, sin revolcarse en sábanas perfumadas. Hacen el verdadero amor, el de la renuncia, el de la donación absoluta. Limpian sin taparse la nariz, sin funda de látex en las manos, sin protección en el alma…
“Allí no te sigo…”, me espetó rotundo aquella noche que cometí la supina torpeza de nombrarle al Inombrable. Mi verdadero maestro no frecuenta espiritualidades. No menta a Dios, no conoce altar. Sus cerillas no prenden el perfume de los inciensos al caer la tarde, ni sus labios entonan mantrams al rayar el alba; ¡pero con qué ojos mira al anciano, con qué manos le maneja…! Ese “bandido” no cree en la Divinidad, ni en nada que se La asemeje y sin embargo, me La ha mostrado como pocos han sabido hacerlo.
Más arcanos exploramos, más inescrutables se tornan los caminos del Cielo. Arriba urden para despistarnos, para que agucemos discernimiento. A fe que lo consiguen, mi maestro es… Tengo un teclado a mano y ensayo cantar a la belleza, aquella la más callada, la más oculta, la más verdadera…
Koldo Aldai

lunes, 22 de abril de 2013

MEDITACIÓN (I). ADYASHANTI. ECKHART TOLLE.

¿Por qué meditamos? ¿Qué buscamos en la meditación? ¿Es necesaria la meditación?
Últimamente la meditación se está poniendo de moda como una herramienta eficaz para conseguir un mayor bienestar. Abundan los estudios científicos que avalan que quienes meditan se sienten mejor. Muchos meditadores lo atestiguan. Bueno, está muy bien eso de conseguir un mayor bienestar. Si sucede, estupendo. Hay otras prácticas que también lo proporcionan en mayor o menor grado, como la relajación, el tai chi, el yoga, la natación. Pero quiero recordar a quienes practican meditación zen (o Vipassana) algo que a menudo olvidan: que el príncipe Sidharta cuando abandonó su palacio no lo hizo para encontrar un mayor bienestar en su vida, sino que lo hizo en busca del despertar, de la iluminación.
Yo creo que la mayoría lo que buscamos en la meditación, además de bienestar, es una herramienta que nos ayude a salir de la prisión de nuestros condicionamientos, que no ayude a ser libres, porque si nos sintiéramos verdaderamente libres ¿qué necesidad tendríamos de meditar? Sería absurdo.
Sobre la meditación, los diferentes maestros y profesores espirituales tienen opiniones contrapuestas. Para unos es lo más importante, imprescindible para que el despertar suceda. Para otros es necesario, pero sólo al principio del camino. Mientras que para otros es sólo un paréntesis de silencio conseguido de forma artificiosa, desconectado de la vida cotidiana.

Hakuin
Los maestros zen japoneses lo tienen muy claro. Así, mientras Hakuin, en su “Canto de alabanza del zazen”, dice:
¡Oh, el zazen del Mahayana! ¡A él la más grande de las alabanzas! Con abismarse una sola vez en el zazen se borran incontables malas acciones del pasado.


Dogen

Y Dogen, en el “Bendowa”:
Zazen, por tanto, aunque sólo practicado breve tiempo y por una sola persona, vivifica y unifica todas las formas de existencia.
Sin embargo, los antiguos maestros zen chinos no lo ven esto como los maestros zen japoneses posteriores. De Huai-jang, antiguo maestro zen chino, que iniciaba en el zen a su sucesor Ma-tsu, que entonces estaba practicando la meditación en posición de sentado en el monasterio de Ch`uan-fa, se cuenta la siguiente historia:


“Su reverencia”, preguntó Huai-jang: “¿qué objeto tiene meditar sentado?”
“Convertirse en un Buda”, contestó Ma-tsu.
Entonces Huai-jang tomó una baldosa y comenzó a pulirla sobre una roca.
“¿Qué hace usted, maestro?”, preguntó Ma-tsu.
“La estoy puliendo para hacer un espejo”, dijo Huai-jang.
“¿Y cómo va a hacer que una baldosa pulida se convierta en un espejo?”
“¿Y cómo va a hacer que meditando sentado se convierta en un Buda?”

Mientras que Adyashanti dice: A veces la gente me pregunta si debe meditar o no. A estas personas les digo: “Bueno, dime: ¿sientes la llamada de la meditación? No es cuestión de lo que uno debe o no debe hacer”. Y también: Lo importante es ponerse a meditar desde una actitud subyacente de apertura y relajación. Tenemos que trascender la idea de que el despertar o la iluminación sólo ocurrirán si nuestra postura es correcta, pues eso simplemente no es verdad.

Y Eckhart Tolle: Y sí, existen algunos buenos métodos de meditación. Y, eventualmente, eso también lo deberás dejar atrás, de lo contrario se interpondrá entre quien tú eres –pones un método allí en el medio para encontrarte a ti mismo, un espacio entre tú y tu Ser-. Será la última cosa que dejes atrás. Esta enseñanza, en particular, funciona sin métodos, pero si tienes un método es hermoso. Úsalo hasta que ya no lo necesites más.


Adyashanti cuenta algo muy revelador: Todo aquello que usé para tener éxito espiritualmente fracasó. Pero en el momento del fracaso todo se abre. Al hilo de esto se me ocurre que quizá la historia del despertar de Sidharta no fue tal y como nos la han contado. Quizá su despertar no sucedió como consecuencia de una práctica de meditación intensa. Si hubiera sido así, le ocurriría a bastante más gente con sólo hacer lo mismo. Puede que con la meditación le pasara lo mismo que con la práctica de ascetismo extremo que anteriormente había seguido hasta llevarle casi a la inanición, muy cerca de la muerte. Seguramente su práctica de intensa meditación le condujo también al fracaso. Llegó con ella al límite. Había hecho todo lo que podía hacer por alcanzar la iluminación, pero nada ocurrió, entonces admitió su fracaso y se rindió, y en ese momento Sidharta desapareció, el despertar despertó, y nació el Buda.

Adyashanti en español. El poder de la atencion:                                   https://www.youtube.com/watch?v=Mk8srVn2yts


lunes, 15 de abril de 2013

MAESTROS ZEN: MITOS Y REALIDAD (II). ADYASHANTI.

¿De quién diríamos que es un buen maestro? ¿Diríamos de alguien que es un buen maestro de inglés si de sus, pongamos, cincuenta alumnos apenas unos pocos aprenden, más o menos correctamente, a hablar inglés? ¿Diríamos de un maestro zen que es un buen maestro si sólo unos pocos de sus numerosos discípulos, después de muchos años de práctica, han tenido una experiencia de despertar verdaderamente transformadora y duradera? Y cuando esto pasa, yo me pregunto, ¿por qué no lo reconocen, por qué ninguno lo deja?
Se dice que el zen pertenece a la corriente del Mahayana, el gran vehículo, pero en la realidad, a mi me parece que pertenece más bien al pequeño vehículo. Una enseñanza o una práctica espiritual, como el zen, que no es para todas las personas con inquietudes espirituales que se acercan a ella, no es que sea una mala enseñanza o un mala práctica, pero todavía no es del todo una buena enseñanza o una buena práctica. Le falta algo para serlo. Le falta que ayude a casi todas esas personas. Digo esto por la cantidad de gente que he visto pasar al cabo de los años por el zendo al que yo voy, que acude a una introducción al zen, y los pocos que continúan. Los maestros siempre lo justifican diciendo que el zen es muy exigente, para muy pocas personas. Siempre lo achacan a la falta de determinación del personal, pero nunca se plantean que algo le falte a la enseñanza o a que a ellos les falten recursos o madurez espiritual. Siempre son los demás. Parece que su único recurso sea el zazen y más zazen. Así que ¿dónde está pues el gran vehículo? “Gran fe, gran duda, gran determinación”, esta es la tradicional recomendación de los maestros zen para alcanzar el despertar. No sé, a mi me suena esto muy marcial, muy tremendista, muy voluntarioso. Yo, en sintonía con Adyashanti, me quedo con la sinceridad, porque como él dice: “Si eres sincero, tu sinceridad se convertirá en una fuerza realmente poderosa en tu vida. Y si no lo eres, la postura y todo lo demás realmente no tendrán mucho efecto.”
Lo que sucede en muchas shangas, o grupos de practicantes zen, es como un edificio que siempre se está construyendo y destruyendo a la vez. Cuando se ha conseguido levantar una pared, cuando parece haber un grupo más o menos estable de practicantes, y se empieza con la de enfrente, y aparecen practicantes nuevos, la anterior comienza a derrumbarse, los antiguos practicantes empiezan a desaparecer, y así sucesivamente.


Dice Adyashanti: “No podemos llegar a la iluminación arropados en los faldones de un maestro iluminado; no funciona así. Intentar hacer eso nos ciega; significa que no queremos pensar por nosotros mismos, que no queremos examinar las cosas por nosotros mismos. Cuando hacemos ciegamente lo que se nos dice -seguimos ciegamente una enseñanza sólo porque es antigua o reverenciada- acabamos justamente con lo que estábamos pidiendo: ceguera.”

lunes, 8 de abril de 2013

HAN SHAN, POETA Y ERMITAÑO ZEN (I)


Jack Kerouac
Hace muchos años leí una novela fascinante, LOS VABUNDOS DEL DHARMA, de JACK KEROUAC, uno de los portavoces  de la denominada generación beat. Si todavía no la has leído, no dejes de hacerlo. Me gustó bastante más que su otra novela más conocida, EN EL CAMINO. Fue publicada en 1958. Tanto Jack Kerouac como otro de los personajes de la novela, Japhy Ryder (su nombre en la vida real era Gary Snyder, poeta, escritor, ecologista y seguidor del budismo zen), fueron verdaderos pioneros, unos adelantados a su tiempo. En esta novela, que a mi me marcó mucho,  escribe Jack Kerouac de budismo zen, de haiku, de excursiones a las montañas, de rebeldía, de contracultura. También se menciona en él a un poeta chino, a quien Gary Snyder admiraba profundamente, un ermitaño zen que vivió en las montañas entre los siglos VII y X: HAN SHAN. Cómo me atraía el zen de Han Shan, tan libre. Su monasterio era las montañas. 

Gary Snyder
Yo le llamaba de broma “anarcozen”. Escribía sus poemas en los árboles, en las rocas y los muros de las casas de campo. Desde su retiro en el monte, solía visitar el templo Guoquing, en cuyas cocinas trabajaba su amigo Shi De, que solía darle los restos de la comida de los monjes. Eso no impedía a Han Shan deslizar en sus poemas críticas a las jerarquías eclesiásticas ni abogar por la búsqueda individual de la iluminación. Practicaba el budismo Chan, aunque, a la manera china, entreverado de taoísmo. Han Shan no era en realidad su nombre, es un pseudónimo que quiere decir Montaña Fría, el lugar donde vivía y escribía. En el libro de Kerouac aparecen dos de sus poemas. Este es uno de ellos:
   
Han Shan


La Montaña Fría es una casa, sin vigas ni paredes;
las seis puertas, a derecha e izquierda, están abiertas,
el vestíbulo es el cielo azul,
las habitaciones están desocupadas y vacías,
la pared del este choca con la del oeste
y en el centro no hay nada.
Nadie viene a pedirme que le preste nada.
Cuando hace frío, enciendo un pequeño fuego;
cuando tengo hambre, cuezo unas verduras.
Nada tengo que ver con el granjero,
con su granero y sus pastizales…
Se organiza una prisión para sí mismo
y una vez dentro de ella, no puede salir.
Piénsalo, pues puede sucederte a ti.


 

ENTRE NUBES BLANCAS

El director americano Edgard A. Burguer ha sido uno de los pocos extranjeros que han podido conocer en persona la vida de estos ermitaños, que constituyen una tradición milenaria de la vía budista zen en China.
“Entre nubes blancas” recorre el día a día de ascetas, maestros y aprendices que viven solos, dispersos por los picos y valles de la zona montañosa de Zhongnan. 
Las montañas de Zhongnan han sido la morada de buscadores solitarios desde hace aproximadamente cinco mil años. Muchos de los maestros budistas más realizados de China alcanzaron la iluminación en ese lugar. Se considera un lugar proclive para la iluminación: “mágico”.



lunes, 1 de abril de 2013

MAESTROS ZEN: MITOS Y REALIDAD (I). AMA SAMY.

Muchos son los libros que se han publicado en España dedicados al zen. En  la mayoría se cuentan historias de los antiguos maestros. Yo habré leído un centenar.  Conforme se retrocede en el tiempo hasta llegar a los grandes maestros chinos de los comienzos del zen, nos encontramos con aquellos maestros legendarios, que con una palabra o un gesto llevaban al discípulo al despertar. La cosa cambia cuando nos aproximamos a la época actual, como con los maestros japoneses de los años 30 y 40, que en su inmensa mayoría apoyaron el fascismo japonés, algunos con entusiasmo. O más recientemente, en Estados Unidos, con los maestros que han protagonizado sonados escándalos. Alguno de ellos ha llegado incluso a ser expulsado de la shanga por los miembros de su propia shanga. Pero pocos son los libros que muestran la cara b de los maestros zen.

 El mito en occidente de los maestros zen se ha construido a base de ocultar la cara b de los maestros zen. Daisetz Teitaro Suzuki publicó bastantes libros sobre budismo zen y se hizo muy famoso en los años 60 por darlo a conocer en occidente. En ninguno de ellos menciono esta cara b.Y es que son contados los libros que tratan de zen que la mencionan. Como por ejemplo, “Experiencias de un estudiante zen de patitas en la calle”, de Janwillen van de Wetering; “¿Por qué Bodhidharma vino a occidente?”, de Ama Samy; “Zen ambivalente”, de Laurence Shainberg; “El zen de la calle”, de David Schneider; “El Río del Dragón de Nueve Cabezas”, de Meter Matthiessen y “Zen y guerra”, de Brian Victoria, el libro que más ha contribuido a destapar la cara b oculta del zen, que no se ha publicado en español. Por eso, cuando conoces personalmente a un maestro zen y un día te muestra su cara b, que la tiene en mayor o menor grado como todo el mundo, pero que en ellos te choca más porque crees que con su despertar ha desaparecido, es algo tan inesperado y causa tal decepción, que el mito se derrumba y más de uno abandona la práctica del zen.

En dos ocasiones he asistido al nombramiento de un maestro zen por parte de Ana María Schlüter. La fórmula que empleó, creo recordar, fue aproximadamente la siguiente: “Y te nombro maestro zen por haber atravesado los 700 koans preceptivos en nuestra escuela” (La Sambô Kyôdan, que integra soto y rinzai). En ningún momento mencionó que nombrara maestro a esa persona por su profundo despertar y por su demostrada capacidad para ayudar a despertar a otras personas. Y, según esto, yo me pregunto: ¿Garantiza el título de maestro zen que esa persona tiene un profundo despertar y una demostrada capacidad para ayudar a despertar a otras personas?  No sé, a mi me parece que son cosas que no necesariamente van unidas. 

Esto ya lo dice Ama Samy, maestro zen indú que también pertenece a la misma escuela que Ana María: “La sistematización del entrenamiento a través de koans revitalizó al zen rinzai, pero a la vez destruyó su originalidad y creatividad. Ahora los monjes rinzai atraviesan cientos y cientos de koans con respuestas fijas de antemano. Es un entrenamiento que cultiva una espontaneidad estudiada. Se ha transformado en su mayor parte en una representación aprendida y en una imitación sin Despertar. Las respuestas “correctas” a los koans se han convertido en el dogma del zen rinzai de la misma forma que los rituales y maneras “correctas” configuran el del zen soto. Eso es lo que le ha sucedido al zen institucional japonés. Hay un exceso de autoritarismo y de institucionalización así como un rigor rayano en el sadismo.
El enfoque rinzai moderno tan solo parece alentar en los estudiantes viajes egóticos, dramatismo y la elaboración de historias, y puede conducir a una compulsión por alcanzar logros y dar la talla o provocar ciclos e ilusiones maníaco-depresivos” (Ama Samy. Por qué Bodhidharma vino de occidente. Pág. 52, 54, 55).